Síndromes con nombres de personajes

¿Por qué algunos síndromes tienen nombre de personajes literarios? La peculiaridad y ciertas características de algunos personajes han servido para dar nombre a una serie de trastornos psicológicos en personas reales. Si te apetece saber cuáles son sigue leyendo. Vamos a describir algunos.

Síndrome de Alicia en el país de las Maravillas

Las personas que padecen este trastorno advierten alteraciones en el tamaño, la forma y ubicación espacial de los objetos. Otro síntoma es la percepción de una imagen distorsionada de su cuerpo, haciendo que se sientan más grandes o más pequeños.

Pueden percibir también ilusiones visuales como ver imágenes multiplicadas (palinopsia), ineptitud para conocer caras (prosopagnosia) o la incapacidad de percibir el color (acromatopsia).

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Los expertos creen que el escritor de esta obra, Lewis Carroll, padecía de este trastorno. Al parecer tenía muchas migrañas y también podría haber sufrido las extrañas experiencias de la protagonista, Alicia, y de ahí la inspiración para crear su obra. Claro que, esto son solo especulaciones, no se sabe con certeza si es cierto o alguien aburrido que quería marcarse un notición e hizo correr la bola. En cualquier caso, se trata de una obra que ha dejado huella a nivel mundial.

Síndrome de Rapunzel

Esta protagonista inventada por los hermanos Grimm, da nombre a un trastorno intestinal del que apenas hay algo más de 85 casos. La ingesta compulsiva del cabello hace que se formen bolas de pelo en el estómago y en los intestinos, pudiendo acarrear graves consecuencias si consiguen perforarlos o enrollarse en ellos. Generalmente ocurre en la infancia y el 40% de las Rapunzeles no alcanzan los 10 años.

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Este trastorno recibe el nombre de Rapunzel por el extremadamente cabello largo de la protagonista, el cual utilizó a modo de cuerda para que su príncipe pudiera subir a la torre a rescatarla.

Síndrome de Madame Bovary

Este síndrome también se conoce como bovarismo. Las personas que lo padecen están en un constante estado de insatisfacción. Las ilusiones marcadas por su imaginación y cierto romanticismo contrastan con la realidad haciendo que la frustración se cargue sus ambiciones algo desmesuradas.

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El primero en utilizar este término fue Jules de Gaultier, un filósofo que alude la novela que trata de Emma Bovary escrita por Gustave Flaubert.

¿Y quién era Madame Bovary y por qué da nombre a este síndrome? Si pinchas aquí tendrás una definición más detallada al respecto, tiene su cosa.

Síndrome de Huckleberry Finn

La persona que padece de este síndrome tiende a eludir gran parte de sus responsabilidades durante la infancia y suele variar de trabajo con frecuencia cuando es adulta. Según los expertos, este comportamiento es debido al miedo al rechazo y para disfrazarlo termina haciendo de nómada, saltando de un puesto a otro para disimular la baja autoestima o el miedo a su inutilidad.

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Las personas con el síndrome de Huckleberry Finn pueden ser personas perfectamente inteligentes y con grandes dotes, sin embargo, el problema está en su cabeza.

¿Quién era Huckleberry? Además de ser el amigo de Tom Sawyer (yo me tragaba la serie de pequeña y me encantaba), fue un niño abandonado de quien tuvo que hacerse cargo su tía, además de lidiar con un padre sustituto con mucha malicia, del cual debía escapar y eludir a las responsabilidades de la escuela.

Síndrome de Pollyana

El exagerado y enfermizo optimismo que caracteriza a estas personas no va en concordancia con lo que ocurre en la realidad. Las personas que padecen este síndrome son excesivamente amables e idealizan demasiado al resto de personas para que se sientan felices.

Pollyana es una novela escrita por Eleanor H. Porter en el año 1913 la cual tuvo mucho éxito. Habla de una niña huérfana cuyo padre le enseñó a extraer todo lo positivo de las cosas antes de morir.

Síndrome de Otelo

Los pacientes con este síndrome tienden a ser hombres aunque también se conocen casos en mujeres . Éstos sufren de una exagerada preocupación respecto a la posible infidelidad de su pareja, tanto hasta llegar al delirio. Hablamos de celos patológicos llevados al extremo.

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Estas personas pueden ser altamente manipuladoras e incluso peligrosas si alcanzan un grado mayor. Obligan a su pareja a someterse a interrogatorios sobre su independencia a sus espaldas ocasionando malestar y frustración en la relación, hasta llegar a la agresividad.

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